York Press

York Press Toronto, 1998



Exploración

Busco la manera
de romper los esquemas del sol
trazados en mi frente
por cada espontánea eclosión
de rítmicas baladas.
Recorro alamedas de placer
llevado de la mano
por el aire turbulento
de magia soterrada.
Clarifico piruetas de dolor
entre soplos de indiferencia
y magnifico la escueta nimiedad
de corazones marchitos
junto a las sombras de siempre.



Garabato

Garabato es el sueño incumplido,
la punta del lápiz sin afilar,
la sinfonía inconclusa del amor.
Garabato es garrapato,
escritura incompleta
de signos nunca entendidos,
llovizna sobre el techo
de un castillo medieval. Garabato es misterio,
enigma de artista
sin vasos comunicantes
con el mar de la esperanza,
garfio de capitán náufrago
sin balsas salvadoras.
Garabato es ser o no ser,
dilema metafísico del pionero que pisa la luna
o recoge piedras simétricas en la orilla de la playa.


Garabato es ansia ,
Sed de vivir,
Oreja cortada por la ira
De quien pinta girasoles en el aire.
Garabato es todo, nada, algo quizás,
Lo indefinido
Lo invisible
Lo terco en la pluma y el pincel
Lo fugaz en el pulso tembloroso
Del violinista ciego.
Garabato es balcón,
Jardín colgante,
Suspiro reprimido,
Parábola sinuosa del corazón.

Raúl Mesa, 1996



Mañana

Mañana será otro día
entre sueños y geranios
cuando caiga la sombra
y el gavilán despierte
al calor de sauces
que brinden su regocijo.

Mañana será otro día
Cuando la luna
Esquive nuestro canto
Y los proverbios broten como flores
En cada escenario de luces.

Mañana será otro día
Entre palomas y verdades
Cuando la guillotina y el cadalso
Exhiban su herrumbre
En un rincón del museo
Y las semillas del amor
Fomenten un jardín
En cada pecho.
Mañana será otro día
Si el tiempo mantiene su vigencia.

Raúl Mesa, 1998



Proyectos

Voy a respirar
el aliento terrenal.
Cantaré junto al astro doliente
que aprisiona mis pies.
Es inútil sollozar
por la selva
que no conoce los desiertos.
Es vano pensar en los trineos
que no han cruzado el mar.
Mis dedos marcarán
las estaciones
de una pretérita excursión.
Podaré las ramas
de un encanto vegetal;
fabricaré cuchillos nuevos con viejo metal.
Contemplaré los pinos
que sucumben
frente al mar.
Rescataré las piedras
para sentarlas
en mi hogar.
Es inútil sollozar.



Rumor

Estar molesto
consigo mismo,
domesticado
el fuego lunar.
Bravío,
como relámpago
sitiado por un mar
de cordura.
Espléndido
cual brillante
Reacio a toda intolerancia.
Quieto acaso,
Reclinado en la puerta
del monasterio.
Andante
o estático,
Piedra muda
en el alud
que disminuye
la bondad
de no haber nacido
temprano a la vida,
cataclismo
que todo lo diluye.



Suelen chocar

Suelen chocar las galaxias,
se abren al misterio
Los cuerpos dormidos.
Fulgura en el espacio
después del estallido,
Se expande
la espiral del amor.
Tales colisiones,
aunque raras,
Iluminan el alma,
ensanchan el espacio,
permiten escuchar
la inmortal melodía del silencio.

Raúl Mesa, 1997


Una voz

Entre nardos y camelias
una voz se perdía.
Era la voz que nunca supo
a tiempo parar,
La voz que creía todo saberlo,
extraviada entre aromas
de flores que jamás
de sentir fue capaz.

Una voz sin olfato
para la ternura,
desprovista de amor
hacia el silencio
que en el instante menos pensado
pudiera tal vez haberla salvado.

Una voz de mando
que hasta en el sueño gritaba:
¡mi vigilia es de coros y aplausos!
Una voz que sucumbía entre camelias y nardos
que nunca supo ver,
Una voz reseca y turbia,
totalmente incapaz de parar.